Casa de familia

-“Pero seño, ¡¿a quién se le ocurre alojar extraños en su casa?!” – me dijo un alumno.

Estábamos compartiendo textos y podcasts sobre opciones de viajes y fue uno de esos momentos, en que los alumnos hacen preguntas, que no se me había pasado por la mente al momento de planificar.

Sin embargo, la mayoría de los adolescentes con los que trabajo se han alojado con extraños en muchas ocasiones en que viajaron por competencias deportivas o eventos culturales, o han alojado a otros chicos que venían a nuestra ciudad por la misma razón.

Vivimos en comunidades que ofrecen una gran de opciones a la hora de viajar, sea por trabajo, estudio o disfrute. Tenemos plataformas en línea que nos acercan no sólo a una reserva de hotel, sino a hogares que abren sus puertas para compartir su ciudad con gente a la que no conocen.

Te planteo un ejemplo: ¿Cuál es la diferencia entre viajar como mochilero y formar parte de un contingente organizado por un club? Hay una institución de por medio. Entonces todos los implicados sabemos que hay adultos expertos en el área que aseguran se trate de una experiencia sin riesgos y satisfactoria para todos. De esto se trata un programa de estudios internacional: aunque tenemos roles diferentes, todos formamos parte de un proyecto con criterios claros para los participantes.

Gracias a la vida, residí un año completo en la República de Sudáfrica como estudiante de intercambio apenas terminada la secundaria, fui alojada por familias locales. Décadas después, pasé un mes en Estados Unidos haciendo observaciones de clases y reuniéndome con profesores y directivos mediante una beca, nuevamente alojada por familias locales. El año pasado pude combinar un viaje personal al Reino Unido con unos días hospedándome en casa de una profesional de otro campo en Cardiff, Gales.

¿Cuáles son las diferencias con pasar esas noches en un hotel? Un anfitrión que comparte su hogar, lo hace por placer, tan sólo por un profundo interés que le despierta un otro proveniente de otra cultura. Para escucharnos y guiarnos, para brindarnos una excelente atención personal y cuidado comparado a lo que podríamos recibir de otra forma. Sabremos que toda pregunta es más que bienvenida, que si nos demoramos en llegar habrá alguien que se ocupe de verificar que estamos bien, que en caso de no sentirnos bien alguien hará un tecito y correrá a la farmacia por nosotros, que estaremos invitados a un cumpleaños de un compañero de trabajo del anfitrión y viviremos algo así de simple pero valioso.

En retrospectiva, esa ciudad no solo quedará plasmada en nuestras fotos y anécdotas, en nuestros perfiles sociales y souvenirs. Será, además, la ciudad de aquellas personas con las cuales pasamos momentos que son solo nuestros, tendrá sus nombres y sus historias personales.

Visitar y conocer otros rumbos siempre nos inspira y transforma. Tener la oportunidad de vivir y estudiar en una ciudad extranjera un par de semanas, unos meses, un año potencia nuestras vidas de formas inimaginables que solo iremos descubriendo tiempo después.

¡Hagámoslo!

Lorena Protti

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