Turismo versus Cultura

¿Qué entendés por turismo y por cultura?

¡Hoy te desafío a que vayamos al diccionario! ¿Cuál es cuál?

Actividad recreativa que consiste en viajar o recorrer un país o lugar por placer.

Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.

¿Qué te quiero decir con esto? ¿Ves la diferencia entre ser turista visitando un lugar y ser un estudiante de idiomas sumergiéndose en una nueva cultura?

En la vida me ha tocado experimentar los dos costados; como turista puedo decir que se disfruta mucho la novedad de los paisajes, los placeres de la oferta gastronómica y hotelera, las excursiones, las miles de personas caminando a tu alrededor, las merecidas vacaciones, el contraste de normas y reglas, la obviedad de lo diferente. La lista es infinita y la curiosidad inacabable, ésta última se vuelve tu mejor aliada. ¿Te pasó que quizás no te gusten los museos y terminás visitando uno? El turismo tiene ese sabor de profunda adrenalina, no te querés perder nada, querés hacer y probar todo como un niño en plena experimentación que recién comienza a descubrir el mundo. Simplemente fascinante.

Mi segundo costado, de estudiante y bilingüe, no me da adrenalina, me llena el corazón. Es sublime. La experiencia me dejó grabado el lema “Cuantos más idiomas hables, con más almas conectás”.

En mi caso, el inglés, me permite y regala la oportunidad de conectar con otras personas que viven en otra parte del mundo. Cuando viajo, las vacaciones se convierten en “el viaje” a adaptarme, entender y comprender desde la humildad y el diálogo con otros porqué necesito comportarme diferente en otro contexto, porqué hay determinada información que por pautas culturales debo o no debo decir, porqué el libro que uso en Argentina no me sirve durante ese tiempo, y porque es importante cambiar de libro (acá imagináte el que quieras, el mío a modo de ejemplo, es UK).

Agathe, fue mi madre postiza en uno de mis viajes a UK, una mujer de origen francés con un perfecto inglés; el idioma en ese momento nos unió, pude recibir el calor de su hogar y su alegría a través de las palabras; pude contarle quien era yo y porque venía de tan lejos, mis motivaciones; charlas que se daban café de por medio en el sofá luego de la cena. Recibir sus halagos y su dulzura, como la de sus hijos y esposo me reconfortaba al estar lejos de casa. La magia del código lingüístico compartido.

¿Qué te quiero contar? Que ambas experiencias son enriquecedoras por igual. La primera, un tanto más distante y hasta superficial en cuanto a acceso cultural, ya que lo que prima es el disfrute; la segunda, sin embargo, te ingresa al carozo o grano de una cultura con todas sus implicancias como una experiencia de vida que te transforma y moldea.

¿A cuál de las dos te animás? ¿Cuál te hace más auténtico? ¿Con cuál de las experiencias desafiarías al idioma que tenés incorporado?

Espero tus comentarios.

María José Artigas

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