El arte del idioma y la paciencia

Aprender requiere de paciencia. Suena cliché y súper trillado pero real.

Hay emociones muy comunes e inherentes al aprendizaje de un idioma cuando se es adulto. La experiencia me señala que convergen en frustración si no se logra entender de forma inmediata, vergüenza cuando un tema demanda más de lo esperado, ansiedad de dominar el idioma en el menor tiempo posible, impaciencia para planificar el aprendizaje a largo plazo para resultados más satisfactorios, y así, la lista puede continuar.

El cerebro realiza delicados procesos cognitivos y ajustes cada vez que incorpora información de algún tipo, su funcionamiento es tan perfecto que con el correr del tiempo he detectado que cada vez que un alumno se toma una pausa o se encuentra ausente de clases por un período de 2 semanas a varios meses, al retornar lo hace de un modo diferente; ese conocimiento con el que luchaba un tiempo atrás, ya está ubicado, seguramente en algún sector que permite que ahora esa pieza sea utilizada con naturalidad a la hora de comunicarse.

Ante la típica pregunta de mis alumnos adultos:

– Majo, ¿cuántos años necesito para hablar fluido? ¿En un año puedo aprender todo el idioma?

Utilizo la analogía a la que llamo “Aprender un idioma es como preparar una pizza casera”. Sería genial que pudieran verles las caras, como diciendo:

– ¿Qué dice esta mujer?

Claro! Les digo:

– Imaginá que estás preparando una pizza casera (aprendiendo un idioma), para que la masa te salga buena (realmente aprendas) es indispensable dejarla reposar muchas horas, a veces, hasta 24 horas. Luego viene el resto de la preparación (más conocimientos).

Aunque éste proceso te genere ansiedad porque querés comer lo antes posible (ansiedad de saber el idioma ya) o porque justo estás con mucho hambre (necesitás urgente el idioma por una oportunidad laboral o académica que te haya surgido en éste preciso momento), vale la pena concientizarte acerca de las instrucciones de la receta y el beneficio a largo plazo (aprender el idioma paso a paso) para luego degustar de una pizza que realmente te satisfaga (ver resultados en el idioma concretos que permanecen en el tiempo, no aprendizajes fugaces).

A vos que sos profe y que entendés de lo que te hablo y de la importancia de acompañar a nuestros adultos en el proceso de creerse posibles a la hora de aprender un idioma, buscá una analogía para darles la motivación y la fuerza necesarias de confiar, no sólo en tu trabajo sino también en lo que están creando y haciendo juntos para así llegar al resultado esperado. Y sí te gusta la mía sos más que bienvenido/a en utilizarla.

María Jose Artigas.

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